Tito, la Speranza de Campos

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Actualizado: noviembre 10, 2017

«No me preocupa cuando noto a bastante gente con la creencia que comencé a jugar básquet tirando al aro en el programa de Marcelo Tinelli. Hasta tengo una anécdota dentro de la cancha: un rival me pegaba, según sus palabras «chequeándome», a ver si me la aguantaba tanto como en Showmarch. El juez del partido, en un momento fue y le dijo que no molestara, porque yo jugaba desde chico en los campeonatos de la Federación. No es que por haber llegado a una supuesta fama televisiva, aprovechaba eso para canalizar las frustraciones como basquetbolista».

Héctor Speranza saltó a la consideración mediática como uno de quienes le hacía la custodia personal a Ricardo Fort, por aquellos años una figura con presencia full time en los medios televisivos. La historia quiso que el ojo clínico de Tinelli en captar personas para lanzarlos a la popularidad se posara en Tito, y desde allí, tomara vuelo propio, donde hoy lo encuentra trabajando en Combate, un programa de Canal 9.

Pero detrás de esa historia, hay una persona con currículum de muchos años en el área de FeBAMBA.

«A los diez años jugaba al fútbol  y quería correr en bicicleta, pero por problemas económicos y de tiempo, mi papá no podía llevarme todos los días a entrenar, por su trabajo. Además, en casa no sobraba la plata como para disponer de los elementos requeridos para ciclismo. Yo crecía bastante y necesitaba hacer un deporte; entonces mis primos, quienes jugaban básquet en un club armenio, me invitaron a sumarme. Así arranqué en UGAB, donde estuve desde premini hasta infantiles. Cuando fui cadete, un entrenador de allí me desafió a probarme en otro club para mi progreso, porque siendo Infantil ya entrenaba con la Primera. Entonces me fui a Scholem Alejeim (ho Sholem), donde seguí hasta la Primera División», comenta Tito en un alto de las grabaciones del programa de televisión.

Luego, Gustavo Fuentes le hizo el contacto y recaló en Independiente; del Rojo pasó a Ciudad de Buenos Aires, Harrods y Arquitectura, sucesivamente.

«En Arquitectura estuve hasta el 2010, cuando me rompí la rodilla en un partido contra Teléfonos. Me la opero en septiembre de ese año, no regreso, y justo en la fecha del alta,  engancho en el Bailando por un Sueño. Estaba en la lista de buena fe, pero no podía hacer todo, así que dejé de jugar», agrega.

«Eso no quitaba de seguir yendo a entrenar al club, agregar horas en Obras, invitado por Leo Montero. En el verano del 2014, junto a otros chicos de Arquitectura, volvimos a Ciudad, porque el entrenador Nico Lovecce había sido compañero mío. Quería probar si aún podía jugar; hice la pretenporada, entrené duro, y en medio de decidirme, me afectó una intoxicación. Dejé de ir dos semanas y me bajoneó un poco; me costó regresar, pero en el camino encontré a Gaby (Ruocco), quien me dijo cuándo iría para Campos, porque ya tenía más de cuarenta años. Le dije que me permitiera hablar con la gente de Ciudad, y ellos entendieron que más allá de toda mi pasión por este deporte, los horarios no me permitían estar con mis compañeros como corresponde a un equipo. Arreglé mi salida y me fui a Campos de Echeverría, para jugar +35; fue el año donde los dos equipos, A y B, llegaron a la final en esa categoría», expresa sobre el proceso que lo depositó en la factoría Campos, habitual y recurrente protagonista de los certámenes del maxibásquet, con la particularidad de reclutar a glorias del básquet nacional y extranjero.

Hoy Tito desglosa sus tiempos tanto en el +35 como +43. Lo disfruta con auténtica pasión.

«El básquet en mi vida me marcó desde mi personalidad, me formó el carácter; me hizo tener un sentido de pertenencia, compromiso con mis compañeros. Le tomé un cariño extremo a este deporte; directa o indirectamente , me dio de comer. No tanto desde lo económico, porque hasta la Primera, incluyendo regionales, solo cobraba viáticos, pero a raíz suyo conocí mucha gente con la cual pude trabajar», afirma.

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No pierde la sencillez al hablar,  en su léxico se nota el haber sido formado dentro de esta disciplina. Se entusiasma mencionando campeonatos, certámenes, equipos. Y no pone trabas al hablar de su niñez, cuando la economía exigua del hogar le impidió practicar algún deporte ajeno a su realidad.

«Mis padres se llaman Héctor Oscar y Elvira Esther. Tengo una hermana tres años menor, Andrea Virginia. Quería correr en bicicleta, y para eso, además de la bici, tenía que tener repuestos y otros elementos caros, pero en casa no se podía comprar. Mi viejo laburaba muchas horas y realmente no podía llevarme todos los días a las cinco y  media de la tarde al KDT o Velódromo. Por eso salió lo del básquet, e hice desde premini, todas las categorías hasta ahora que estoy con veteranos. Un día mi viejo me dijo: un par de zapatillas por año para jugar al básquet te las puedo comprar, así que me apoyaron y acompañaron», admite.

Desde sus palabras, asegura que las luces de la televisión no lo cambiaron en lo más mínimo.

«Lo tomo como un trabajo, un nuevo oficio por aprender mejor. De hecho, estoy estudiando periodismo deportivo para entrelazarlo con el deporte que practiqué toda mi vida. Necesito abrir más la cabeza y ensanchar mi campo de acción y  posibilidades», expresa quien hasta cadete se desempeñó como base.

«Luego me fui transformando en una rueda de auxilio, un tres-cuatro mentiroso, porque para alero tal vez me faltó mayor cantidad de tiros en media y larga distancia; para cuatro, básicamente era un enano. Me lo dijo una vez un americano: Tú, hombre pequeño, no haces más goles…. En una época saltaba bastante y podía penetrar, me la rebuscaba contra gente de mayor talla. Ahora, en los veteranos de Campos me desempeño como dos-tres, ya que todavía corro algo», dice entre sonrisas.

Al trabajar en un programa de televisión enfocado primordialmente en el público adolescente, se le pregunta qué consejo puede darle a ese segmento.

«No soy de dar consejos, pero como le digo a los chicos del programa, el básquet me marcó mucho; me hizo desarrollar un carácter, personalidad; como te decía antes, hallar un lugar de pertenencia, donde iba  me encontraba con mis amigos todos los días. La obligación de acatar reglas, consignas, respeto al entrenador. El compañerismo brindado por los deportes colectivos, no te lo da ningún otro individual. Contra grandes amigos he luchado el puesto, y hoy día son mis Amigos; al cabo de los años me voy encontrando con gente a la cual he enfrentado y recordamos experiencias que no tienen precio. Anécdotas, vivencias, porque en cada club donde pasé, me dejó una enseñanza e historia enriquecedora. Una parte de mi vida pasó por cada uno de ellos».

Héctor «Tito» Speranza. Las vueltas de la vida lo llevaron a ser un personaje de la televisión, y lo disfruta a pleno desde lo laboral. Pero detrás de eso, sigue latiendo su pasión por el básquet, jugando cada semana en el Maxibásquet de FeBAMBA con la camiseta de Campos de Echeverría.